"Si un chico entrena fuerza, se le rompen los cartílagos de crecimiento y queda petiso." Es una de las creencias más repetidas sobre el deporte infantil. Y en este episodio de Redefiniendo Salud, el médico pediatra y deportólogo Dr. Santiago Kweitel la desmonta con una comparación filosa: ese mito tiene el mismo respaldo científico que "comés sandía, tomás vino y te morís".
El origen del mito tiene historia, y el Dr. Kweitel la cuenta: nace de un estudio de los años 60 que comparó dos poblaciones de chicos que no tenían nada que ver entre sí. De ahí se saltó, sin fundamento, a la idea de que el entrenamiento de fuerza frena el crecimiento.
Lo que la fuerza sí hace en chicos y chicas
Lejos de condicionar la altura, el entrenamiento de fuerza bien planificado aporta beneficios concretos: mejora la composición corporal y la calidad de los huesos, tiene efectos positivos sobre el corazón y el metabolismo de la glucosa, y —algo clave en el deporte juvenil— reduce las lesiones, sobre todo las de sobreuso.
Pero hay un beneficio que va más allá de lo físico y que el Dr. Kweitel destaca especialmente: lo que le pasa a un chico que no se sentía bueno para ningún deporte cuando descubre que en la fuerza sí se destaca. Esa confianza puede ser la puerta de entrada a una vida activa.
¿Desde qué edad?
La pregunta del millón tiene una respuesta más simple de lo esperado, y no pasa tanto por la edad como por otra cosa. En el video, el Dr. Kweitel explica cuál es el verdadero punto de partida y por qué todo esto siempre debe estar guiado por un profesional que adapte el trabajo a cada etapa del desarrollo.
El mito del crecimiento, los beneficios reales y desde qué edad empezar. Dale play.




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