Ansiedad por lo dulce: por qué no siempre es falta de control
"Tengo ansiedad con lo dulce" es una frase que muchas personas dicen con culpa, como si fuera un defecto de carácter. En este episodio de Redefiniendo Salud, la nutricionista Sofi Pittaluga plantea otra lectura: que te guste lo dulce es una preferencia con explicación biológica, y la ansiedad alrededor de eso casi nunca es sobre falta de voluntad.
Genéticamente, hay personas más inclinadas a este sabor —ella incluida—, y no hay nada que "corregir" ahí. Lo que sí merece atención es otra cosa: cómo aparecen esas ganas.
La señal detrás del antojo
No es lo mismo disfrutar un postre en paz que sentir una ansiedad constante por algo dulce después de cada comida. Cuando ese deseo aparece de forma abrupta, dice Pittaluga, suele ser señal de falta de energía: un déficit calórico sostenido, entrenar de más, demasiado control alimentario o muy poco placer en la comida diaria. El cuerpo, de la forma que puede, va a buscar ese combustible rápido que le falta.
La invitación no es reprimir lo dulce ni comer lo menos posible, sino hacerse una pregunta distinta: ¿me estoy nutriendo lo suficiente? ¿Hay proteína, grasa e hidratos suficientes en mis comidas? ¿Hay placer?
Incluirlo, no prohibirlo
Pittaluga también desarma un mito clásico: que el desayuno tiene que ser salado o que lo dulce debe mantenerse separado de las comidas "serias". Propone, en cambio, incorporarlo con densidad nutricional —una tostada con pasta de maní y banana, un postre proteico después del almuerzo— y detectar en qué momento del día aparece más el antojo para planificar ahí.
Su conclusión tiene una lógica simple y potente: cuanto más te das lo que necesitás, menos aparece la urgencia. Cómo aplicarlo en el día a día, con ejemplos concretos de recetas, te lo cuenta ella en el video.
Por qué el deseo de dulce es biología, no falta de control. Escuchá a Sofi Pittaluga.



